martes, 13 de diciembre de 2011

El conflicto de valores en las sociedades contemporáneas: Absolutos y relativos.

Por Samuel A. Benavides H.*
*Bachiller en Ciencias Políticas y Administrativas.


“El pluralismo de ideales y de mitos políticos —más aún, si tanto éstos como aquéllos se asumen de manera absoluta— no garantiza la concordia política sino que, por el contrario, la violencia y la anarquía. Por cierto, el empeño de cualquier grupo por exigir una vigencia incondicionada para aquello que él considera valores absolutos da pie a los más espantosos fanatismos y, por consiguiente, a los conflictos más radicales” (P. Lot).

Presentación: El trabajo consta del desarrollo de la visión sobre el pluralismo de ideales y de mitos políticos, concretamente entre el  conflicto de valores absolutos y relativos, en las sociedades contemporáneas, y como estás se resulten en los conflictos irresolubles.

El pluralismo de ideales y los mitos políticos.

Los valores son una cualidad del objeto que se  agregan a las características físicas tangibles del sujeto, y que son atribuidas por el individuo y por la sociedad que las desarrolla.

La atribución de características como el deseo, la plenitud,  orden, importancia e interés es lo que se le llama valor al objeto, así se construye frente a las experiencias personales, existencia e ideales construidos en sociedad.

¿Dónde se desarrollan los valores? Dentro de cada individuo que les da la importancia a las características del objeto y de las cuales se representa y adscribe por voluntad propia y personal, realizando una estructura de pensamiento que de orden e interés al individuo, así la construcción de valores y su aceptación son parte de un solo común desarrollado por la ética y que en sociedad se interpreta o trata de convivir con la política.

En está lógica, las sociedades en su conjunto construyen visiones y mitos sobre las formas en las cuales se debe desarrollar el individuo y sus correspondientes estructuras o marcos de pensamiento los cuales determinan la acción y aceptación de discursos por parte del sujeto. Ahora bien, cada individuo o sujeto trata de verse representado por algún valor que de sentido a su existencia y a los cuales las sociedades también tratan de representar por ciertos marcos lógicos construidos, de esta forma un individuo que se adscribe al pensamiento liberal, libremente determinara que valores son lo que le reportan interés y cumplen con su frontera de satisfacción, limitando también el orden y la estructura de este pensamiento y defendiendo los valores construidos por el discurso como la libertad, democracia y progreso.

De aquí en adelante comienza en proceso de aceptación de los valores y la defensa de estos en sociedad, siempre el sujeto al ser político por relaciones sociales tenderá a defender su posición valórica en frente a otras que se hayan construido en torno a esta misma, como fuera de ella, de esto, la construcción de un imaginario que trate de afrontar pacíficamente estás posiciones valóricas.

El liberalismo a tratado de construir un discurso en torno a los valores que representa, al verse encontrado por posiciones más conservadoras y tradicionalistas a propendido a generar un marco de pensamiento en torno a el pluralismo, este es el que frente a los valores inconmensurables o incomparables tiende a darles limites para convivir de forma pacifica aunque, en la practica tiende a generar mayores cuotas de violencia y desorden.

La construcción de un imaginario sobre el cual, el pluralismo desarrolla una mutua aceptación de la diferencia, tiende a segregar la autenticidad del valor que el sujeto a dado como característica del objeto, por ende esta característica se pierde o se diluye, y al afecta el interés, deseo y aprensión sobre estas características del objeto es donde el sujeto se circuncide en torno a formas mas especificas o fundamentales, el desarrollo de la doctrina como forma de defensa del pensamiento valórico, es el resultado de las manifestaciones de desapego. En este punto, el pluralismo tiende a ser dualista, por un lado, tiende a generar una estructura de respeto y aceptación de la mutua convivencia de los valores, pero, por otro lado, esta aceptación de la diferencia diluye la aprensión de los valores propios de individuo que lo lleva a contrarrestar esta forma con la construcción del fundamentalismo, o forma original que defiende los valores en pugna.

De ello situación patente de un conflicto que frente a las posiciones encontradas, fundamentalistas, divergentes pueden provocar a la violencia y quizás en los términos más terribles a la desintegración y la anarquía.

Un buen ejemplo histórico, es aquel de la segunda república española, bien es sabido que durante 1934-1936 es el periodo durante el cual la mayor cantidad de cambios institucionales se llevas a cabo a razón de nuevos valores que evocaban el cambio del modelo monárquico y tradicional; la sociedad española se habría servido de la moral católica, y la monarquía para hacer valer los cambios que se producían en la propia sociedad, el control de parte de las instituciones venían de la mano de imposiciones de ideas y doctrinas de fe; al llegan los comunistas al poder en España, comienzan a desarrollarse cambios radicales, las iglesias y el credo se desintegra, la monarquía también y nace la república que tiene una misión, la constricción de un comunismo libertario que se expanda por toda Europa.

Este sueño, de revolución y libertad, es apagado con el triunfo del franquismo en 1939, a ello la vuelta a los valores tradicionales de antaño, pero aun más duro y violento, se sabe que las dictadura después de haber triunfado frente a la guerra civil de 1936-1939 duro relativamente hasta la muerte de franco en 1975 y trajo consigo ya no los cambios del modelo hacia un ideal revolucionario, sino hacia la democracia liberal.
Donde quedas entonces los valores, estos se desarrollan con violencia si se mantiene en un encuadre de  pluralismo, sin derecho o normativa que le ponga límites; que sucede con los valores inconmensurables o sin especificación de límites, entonces, tendrán que aceptar las reglas del juego, o llevar sus valores a lo privado, aunque muchas veces es casi imposible.

Actualmente las religiones tienden a desarrollar la perspectiva de la convicción por sobre las responsabilidades, muchos credos del cristianismo reformado, o protestante tienden a generar formas fundamentalistas de separación, aun más radicales que el dogmatismo católico, y presentan un mapa de juzgación y desenfreno, con el fin de reducir al sujeto a valores que no son transables, ni mucho menos propender hacia un pluralismo aceptable.

Este ejemplo de cierta intolerancia, se lleva a cabo hasta el día de hoy en irlanda donde las facciones del IRA luchan contara el gobierno, para saber que impronta valórica y doctrinaria es la que debe absorber a la otra; esto construye nuevos mitos políticos en los que las sociedades tienden luego a generar nuevos conflictos no por intereses materiales, sino simbólicos y de fe.

Valores absolutos y relativos.

En Latinoamérica el modelo de valores liberales a entretejido una cultura de apreciación religiosa, tanto en las costumbres como en los mitos, y la justificación de los valores como la libertad, justicia, bien común, tolerancia, por otro a generado una construcción de imaginarios relativos y construido, de igual forma una concepción absolutista de los que se considera como cierta doctrina especifica del liberalismo.

El caso reciente del conflicto por la educación el Chile, durante el 2011, tiene por un lado connotaciones de valores religiosos tradicionales, mezclados, el mito político de la izquierda, y cierta vuelta a las exigencias por la dignidad y los derechos de las personas; por otro, también la exportación de parte de la estructura gubernativa de los valores liberales de la justicia, la libertad (económica), y el republicanismo.

Los valores absolutos o valore que no pueden ser medidos, creados y creídos como fundamentales, generan en la estructura una cierta forma de justificación que en la práctica no propende a una libertad o justicia, sino que se encuadra hasta en los justificativos aun más conservadores que en las propias dictaduras militares.

Los valores relativos, son lo que al no ser considerados por el colectivo como  absolutos, son generados como universales, los cuales no se defienden por que ya están circunscritos en la sociedad, y no pueden ser cambiados o cuestionados, y aquellos valores que son tan propios y personales que no necesitan fundamentarse mayormente y pueden variar según las circunstancias.

De esta forma John Gray nos presenta en su libros “las dos caras del liberalismo” sostiene que en “el pensamiento liberal siempre han coexistido dos filosofías incompatibles. En una de ellas, el liberalismo es una teoría de consenso racional universal que permite alcanzar el mejor modo de vida posible a toda la humanidad. En la otra es el proyecto de búsqueda de unas condiciones de coexistencia pacifica entre diferentes regimenes y modos de vida. Gray considera que el liberalismo de consenso racional es anacrónico en una época en que, en la mayoría de las sociedades tardas modernas, coexisten varios modos de vida. El futuro del liberalismo reside en el proyecto de modus vivendi señalado por primera vez en los escritos de Thomas Hobbes. En el curso de su argumentación, (…) presenta una nueva interpretación de la tolerancia liberal y sostiene que el pluralismo de valores en el campo de la ética puede dar apoyo a una concepción revisada de los derechos humanos universales. “(reseña del libro).

Esta apreciación de liberalismo esta en contra o en oposición a los que P. Lot nos plantea, el proyecto de modus vivendi no tiene cabida, ya que aunque se a tratado de implementar por casi tres siglos, las sociedades han tendido a generar su propia forma de contrarrestar a la imposición de una discurso e dominación al nivel de lo que plantea M. Foucault en “el orden del discurso”.

Conclusión.

El autor se encuadra en la visión de P. Lot ya que los valores en la construcción de las sociedades contemporáneas han tendido a generar mayores disputas tanto por valores absolutos como por la construcción de mitos políticos e ideologías, las cuales en su conjunto tratan de dominar o generar un orden a las sociedades, pero que por presentarse como un fanatismo de las ideas, genera rupturas acarreando la violencia y la anarquía, considera también, que las sociedades que pretenden generar el modus vivendi, solamente podrán mantener su pluralismo al limite de un conflicto simbólico constante.

Referencias Bibliográficas.

  • Foucault, Michel (2004). “El orden del discurso”. Editorial Tusquest, España, pp. 76. 
  • Gray, John (2001). “Las dos caras del liberalismo: una nueva interpretación de la tolerancia liberal”. Editorial Paidós, España, pp. 168.
  • Arbuthnot, J; Swift, J. (2006). “El arte de la mentira en política”. Introducción de Jean – Jacques Courtine, Ediciones Sequitur, España – Madrid, pp. 93.